martes, 1 de diciembre de 2009

LA DEMANDA DEL VERDADERO DISCIPULADO


"Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discipulo"(S. Lucas 14.33).

El discipulado significa la total renunciación al interés egoísta, por amor a nuestro Señor Jesucristo; las palabras "No puede ser mi discipulo" se refiere a una total consagración y máxima realización del propósito de Cristo al haber venido a este mundo; es el hacer nuestra la consagración de Cristo, para llevar adelante su obra. El verdadero discipulado requiere una total consagración sin distracción ni acomodos.
Si observamos, en el Nuevo Testamento, se hace hincapié en un disicpulado consciente, éste va acompañado por el llamado a una vida de consagración, ya que consagrarse es concentrarse en un determinado esfuerzo o propósito.

Debemos darnos cuenta de que la Santidad práctica no es posesión, sino un proceso que exige una consagración continua en la obra que nuestro Señor Jesucristo vino a comenzar en este mundo y que el Espíritu Santo de Dios continúa a través de los que se consagran a su servicio.

Lo que el Señor quiere de ti:
           Que le sirvas con lo mejor de tus fuerzas: asegúrate que tu llamamiento esta libre de orgullo, ambición             o falta de consagración.
            Alimenta el llamamiento que El Señor te hace con una constante oración y sé lleno del Espíritu Santo.

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