jueves, 1 de marzo de 2012

TIEMPO DE SALVACIÓN





“Pasóse la siega, acabóse el verano, y nosotros no hemos sido salvos” (Jeremías 8.20)
El profeta Jeremías hace una comparación de las estaciones del año con las etapas de la vida. Lamentablemente el pueblo de Dios no había sido salvo y el tiempo se agotaba.
Primavera-niñez, (Mateo 19.19)
El Señor dijo que el reino de los cielos es de los niños. Nosotros creemos que los pequeños que no tienen uso pleno de consciencia, están bajo la protección de la gracia de Dios.
Pero al crecer deben aceptar al Señor como su Salvador. Es nuestro deber como padres evangelizarlos. Gracias a Dios los niños están más dispuestos a recibir al Señor y a servirle.
Verano-Juventud, (Eclesiastés 12.1)
En la juventud las personas nos sentimos capaces de todo, queremos independencia. Es por eso que el joven tiene la tendencia a olvidarse de su Creador.
Sin embargo el Señor exhorta al joven a buscar a Dios. La juventud no es un impedimento para servir al Señor; ni tampoco la juventud es tediosa si se busca a Cristo. Al contrario es una gran bendición y satisfacción servir a Jesús.
Otoño-madura, (Mateo 6.20, 21, 24)
La edad madura se caracteriza por el trabajo. El afán de las riquezas. Hay muchos que no quieren hacer un compromiso con Cristo para no quedar mal debido a su trabajo.
Pero precisamente esta es la época útil para el Señor. Todo aquel que esté en la edad madura y no ha sido salvo debe saber que esta es una buena temporada para recibir a Cristo y servirle; ser productivos en su obra.
Invierno-vejez, (Salmo 90.10)
Si una persona ha llegado a la vejez sin Cristo, tendrá tristeza en su corazón. La Biblia dice que es una edad de molestia y trabajo. Precisamente esto hace pensar a algunos que ya no son útiles para el Señor.
Pero nunca es tarde. Moisés dirigió el Éxodo cuando tenía 80 años. Venga a Cristo él le espera no importa la edad que tenga.

Estimado Lector:
Hoy es el tiempo de salvación. Hoy que tenemos vida, no mañana.
Estamos en el tercer mes de este año y es oportuno preguntarnos ¿Soy salvo?; no sea que nos suceda lo que al pueblo de Judá, que había pasado el año y no eran salvos. Si no lo es: hoy reciba a Cristo como su Salvador Personal.
Repita esta sencilla oración: “Padre celestial reconozco que soy pecador, me arrepiento de todos mis pecados y recibo a Jesús como mi Salvador personal, en el nombre de Jesucristo, Amén”.
Saludos del Pbro. Juan Francisco Hernández Flores, el Señor Jesucristo le bendiga.

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