jueves, 19 de abril de 2012

"NACER OTRA VEZ"






 “Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios”. Juan 3:3
Estas fueron las Palabras de Jesucristo a Nicodemo, y nos hablan de la importancia de nacer otra vez.
Nacer espiritualmente. La Palabra de Dios nos enseña que el alma de todo hombre está muerta espiritualmente. Primero porque el pecado que está en ella, la ha hecho insensible a la voz de Dios. Segundo porque el pecado la tiene condenada a muerte, es decir a la separación total de Dios. “Y DE ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2.1) Por eso es necesario nacer espiritualmente.
Por el poder de Dios. Solo el poder de Dios puede hacer que el hombre nazca otra vez o espiritualmente. Dios lo hace por medio del Espíritu Santo, quien toca nuestro corazón para hacerlo sensible al llamado de Dios.
Cuando el Espíritu Santo nos ha tocado, estamos listos para entender el mensaje de Salvación y recibir a Jesucristo como nuestro Salvador.
“Y darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entrañas; y quitaré el corazón de piedra de su carne, y daréles corazón de carne; Para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis juicios y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea á ellos por Dios”. (Ezequiel 11.19,20)
Registrado en los cielos. Quien recibe a Jesús como su Salvador Personal, ha nacido de nuevo. Y es hecho también un hijo de Dios.
Así como en la tierra se registra a un bebé; en los cielos, todos los que han nacido de nuevo, los nuevos hijos de Dios son registrados en el Libro de la Vida; en el que están inscritos los que tendremos la bendición de estar con Dios por la eternidad en el reino de los cielos. “Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego”. (Apocalipsis 20.15)
Ninguno que no haya nacido otra vez podrá entrar al reino de Dios.
Estimado Lector: ¿Ha nacido otra vez? Si no es así Dios le da la bendición de nacer otra vez. Solamente tiene que confesar sus pecados a Dios, apartarse de ellos y recibir a Jesús como su Salvador. Una vez que le reciba recuerde que necesita crecer espiritualmente, lo logrará buscando la comunión con Dios.

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